viernes, 31 de julio de 2015

HAIKUS, GREGUERÍAS Y TWEETS

Por Ángeles Álvarez Moralejo
En un principio parece de locos intentar encontrar similitudes entre estos tres conceptos, sin embargo, desde mi punto de vista, las hay.
 Corresponden a épocas muy diferentes, los primeros Haikus proceden del S. VIII, aunque su escritor más famoso, Matsuo Basho, pertenezca al S. XVII. Las  greguerías más antiguas datan de finales del S. XIX, siendo Gómez de la Serna quien las elevó a la máxima categoría literaria a principios del S. XX. Los Tweets son los más recientes, tan solo tienen 9 años de vida; fue en 2006 cuando Jack Dorsey los inventó.
Si intentamos definir cada uno de estos conceptos, nos daremos cuenta, ya desde el principio, de que la característica más fuerte que los une es la síntesis de palabras en la elaboración de los mismos.
El Haiku es un tipo de poesía japonesa. Consiste en un poema breve, de diecisiete moras, formado generalmente por tres versos de cinco, siete y cinco moras respectivamente. Esta métrica no es fija. Comúnmente se sustituyen las moras por sílabas cuando se traducen o componen en otras lenguas. La poética del haiku generalmente se basa en el asombro y la emoción   que produce en el poeta la contemplación de la naturaleza.
Tradicionalmente, un haiku debe contener también una referencia directa o indirecta a las estaciones del año de ahí que usen siempre un kigo, palabra que hace referencia a una estación.
Las greguerías son textos breves semejantes a aforismos, que generalmente constan de una sola frase expresada en una sola línea, y que expresan, de forma aguda y original, pensamientos filosóficos, humorísticos, pragmáticos, líricos, o de cualquier otra índole.
Los Tweets, son mensajes que deben limitarse a 140 caracteres para poder ser publicados en las redes sociales, perteneciente al microblogging. Los temas son tan variados como  los usuarios determinen, pues se trata de comentar la actualidad social, económica, periodística, o personal de quien lo escribe.
Tanto las greguerías como los haikus pertenecen al campo literario; los tweets, de momento no tienen ese carácter.
Entre la gran cantidad de haikus que existen, vamos a poner como ejemplos de los mismos algunos de los más populares.
La vieja charca…
una rana ha saltado
¡plop!

Este camino
nadie lo recorre
salvo el crepúsculo

Sobre la rama seca
un cuervo se ha posado;
tarde de otoño

Es primavera:
la colina sin nombre
entre la niebla

De la misma forma encontramos greguerías que conectan temáticamente con los haikus, refiriéndose a la naturaleza e igualmente que los anteriores, son como tic que siente el poeta frente a sensaciones que capta a través de los sentidos, bien sea la vista, el olfato, el oído o el tacto:

El agua se suelta el pelo en las cascadas
Las espigas hacen cosquillas al viento
Entre los carriles de las vías del tren, crecen flores suicidas

La leche es el agua vestida de novia
El estanque es una isla de agua
La O es la I después de beber
La B es el ama de cría del alfabeto
Los ceros son los huevos de los que salieron las demás cifras

Sería muy fácil dar ejemplos de Tweets, ya que contemplan temas muy variados, más que variados podríamos decir que hablan de todo, de todo y más. Tocan todos los aspectos sociales, políticos, religiosos, humanos, críticos, geográficos, de ocio, etc. etc. La característica más importante es su extensión, solamente, como hemos dicho, 140 caracteres, por los que podemos relacionarlos con los haikus y las greguerías en este sentido, en el límite de caracteres permitidos para su creación. Ahora bien, a pesar de no formar parte del mundo literario, actualmente son los más útiles ya que todo el mundo los usa y los conoce o si no preguntad en la calle por los Haikus o las Greguerías y hacedlo también con los Tweets. Seguro que cualquier persona os dará pelos y señales de los últimos y, en cambio, los haikus y las greguerías les sonarán a chino.

En definitiva, los tres conceptos de los que he hablado forman parte de la más estricta economía lingüista. ¿Se puede comunicar más con menos palabras? 

jueves, 11 de septiembre de 2014

RIZAR EL RIZO

Por Ángeles Álvarez Moralejo
Ha llegado el momento de renovar la marca de esa pequeña empresa en la que me muevo desde hace 24 años. Bien, me pongo manos a la obra y para gestionarlo rápidamente, llamo a la oficina de Patentes y Marcas, por supuesto que solo pude ponerme en contacto con ellos a través de un número 900, a fin de que desde el primer momento empiece a tener gastos añadidos, cuando debería ser gratuito.
Me dicen que si lo  hago a través de su página web me descuentan un 15%. Claro, con los tiempos que corren hasta les doy las gracias. Ingenua de mí pienso: “No tendré que perder una mañana entera en horario laboral para desplazarme a la oficina de Patentes y Marcas, que me queda a desmano, la verdad” “Me descuentan el 15%” “Además podré hacerlo tranquilamente desde mi ordenador” “¿Qué más puedo pedir?” A todo esto añado una reflexión: “Para que luego digan que la Admón. no funciona. ¡Es increíble cómo facilitan la gestión al contribuyente!”
Cuando mi actividad me lo permite, me pongo delante del ordenador, contenta, y entro en su web.
1.  Renovación de marca
2.  Individual
3.  Descargar formulario.
¡Fantástico! Esto va sobre ruedas. Sin embargo la alegría del pobre dura poco y justamente aquí empieza el calvario. Dicho formulario no está disponible, con un mensaje en inglés me dicen que necesito la última versión de Adobe Acrobat. Cierro todas las ventanas que tengo abiertas y actualizo el Adobe. Vuelvo al formulario y ¡nada! que no se descarga, igual que la primera vez. Lo intento cientos de veces, pero no hay posibilidad alguna de disponer del maldito formulario.
Me pongo en contacto con ellos vía e-mail, porque eso sí, facilitan una dirección de correo electrónico para cualquier contratiempo. Me contestan al día siguiente, explicándome que mi mensaje se ha reenviado a la oficina de los técnicos que pueden echarme una mano. Me comentan que tengo que entrar en la página a través de Internet Explorer, que no lo haga con Chrome. Bueno, pues vamos allá. Lo intenté con Explorer, pero sigue dándome el mismo error, el dichoso formulario no se carga.
Llegado este punto, empieza a entrarme la desesperación. Vuelvo a escribirle y me dicen que el formulario tengo que abrirlo con el Adobe. Bien, un paso más –pienso- y me tranquilizo. Tengo que decir que una de mis cualidades es la paciencia, pero no veo otra forma de enfrentarse a estos aparatos de los que dependemos.
Lo abro con el Adobe y lo relleno con todos los datos que me piden, pero no hay manera de enviarlo ¿Dónde está el enlace de “envío”?. Vuelvo a escribirles pidiéndoles que me digan cómo puedo enviar el formulario y me envían la “guía del usuario” para que la lea y me entere de una vez. Y digo yo ¿Por qué no me la enviaron en el primer mensaje?
Sigo todos los pasos, relleno mil veces el formulario, pero seguimos igual ¿Qué puedo hacer?
A todo esto, me quedan unas horas para que mi suscripción se termine. No   me pongo nerviosa sino que ya me subo por las paredes.
Los llamo de nuevo por teléfono y me lo solucionan diciendo que entre en la web y abra la “ventanilla virtual” y siga los pasos que me van indicando. Pero ¿Dónde está la ventanilla virtual? 
Por fin y ya armada de valor y necesidad por renovar la marca de mi empresa, a base de echarle tardes enteras a la gestión de la misma, pude enviar el formulario.
¡Ah! ¿Qué cómo lo conseguí? Pues tenía que guardar el formulario en mi disco duro ¿a quién se le ocurre tal memez? Después volver a entrar en la web de Marcas. Adjuntar el formulario. Esperar a que me enviaran un código vía e-mail. Seguir con el tema del pago y finalmente había que darle al botón de “Volver”, no “finalizar” ¿Cómo pueden ser tan obtusos los que se dedican a estos menesteres de la informática?
Y yo me pregunto que esto nos pasa a gente que a pesar de no ser muy duchos en esto de Internet, al menos tenemos algún conocimiento a nivel usuario. ¿Cómo podrá renovar la Marca, pongamos por ejemplo sin que nadie se ofenda, el tío Genaro que regenta una frutería de supervivencia en un pequeño pueblo perdido de Extremadura?
Señores administradores del Estado, sean más generosos con quienes contribuimos a que se lleven en crudo los supersalarios de que disfrutan mensualmente.

 Son ganas de rizar el rizo. ¡En fin, vivir para ver!

lunes, 9 de junio de 2014

Intemperie

Por Ángeles Álvarez Moralejo
El pasado día 15 de mayo me regalaron uno de los libros que despertaban mi interés desde hace tiempo. Pensé que podría identificarme con su lectura ya que está basado en una historia   rural, que se desarrolla en cualquier lugar de la España más seca y decrépita, puede ser cualquier lugar de Castilla o  Extremadura,  dada la escasa vegetación y la llanura en la que se mueven los personajes. Sin embargo y aunque al principio me enganchó sobremanera, poco a poco me fue cansando. El autor se regodea y se vuelve a regodear en hacer unas descripciones pesadas, llenas de palabras arcaicas que nadie entiende, ni siquiera los que hemos vivido en ese hábitat. La historia no avanza nada de nada, tampoco tendría por qué avanzar si eso es lo que pretende el autor. Solo cuando ya has leído prácticamente todo el libro en las últimas  páginas se desencadena toda la acción y como de un plumazo, remata la historia.

Tengo que decir que aparte de que me haya gustado o no, eso poco importa, Carrasco tiene una prosa muy lírica, que a veces alcanza lo sublime, nada que ver con lo que hizo Juan Ramón Jiménez en “Platero y yo”, pero no está mal. Que me perdone el autor, pero me da la sensación de que cuando escribió la obra lo hizo de un tirón y después se rodeó de diccionarios, glosarios, etimologías, etc. Y tras señalar todas las palabras que le pareció oportuno, empezó a buscar sinónimos para las mismas, palabras cada vez más rebuscadas que al transcribirlas en su texto sorprendieran al lector sobremanera.

Si tengo que quedarme con alguna parte de este libro elegiría la descripción que hace de la insolación del niño, me parece magistral la forma de escribirla, se me pusieron los pelos de punta cuando la leí: “/…/Gritos del averno empujan los muros de su cabeza de fuera a dentro. Nota la vibración en sus sienes membranosas y siente flotar sus ojos en las órbitas como hielos en un vaso/…/”


Muchos críticos lo han comparado con Miguel Delibes en esa maestría al describir el paisaje, sin embargo pienso que ambos escritores no guardan relación alguna. Delibes es un maestro, Carrasco tiene que enseñarnos todavía muchas cosas, tal vez algún día podamos contar con él como uno de los clásicos de nuestra literatura, de momento habrá que esperar. A mí,   su obra me parece que está más cerca del culteranismo de Góngora que del realismo de Delibes. 

martes, 13 de mayo de 2014

Trezidavomartiofobia

Por Roca
Hoy me he levantado y he pensado en ese refrán que desde niña he oído tantas veces: "En martes 13, ni te cases ni te embarques" y la verdad es que no pensaba hacer ninguna de las dos cosas.
¿Por qué se considera el martes 13 un día de mala suerte en España y en algunos países de América Latina? El número 13 desde la antigüedad ha sido considerado como de mal augurio, ya que en la Última Cena de Jesucristo había 12 apóstoles y Jesús. Se considera a Judas como el traidor, que tenía asignado el número 13. En el Apocalipsis, el capítulo 13 corresponde al anticristo y a la bestia...
El martes 29 de mayo de 1453 cayó Constantinopla y esto supuso un gran trauma para las potencias cristianas. El martes se asocia al dios de la guerra romano, Marte.
Según la leyenda, un martes 13, se produjo la confusión de lenguas en la Torre de Babel.
Supersticiones aparte, como dice nuestro querido Serrat, "hoy puede ser un gran día, plantéatelo así..."


miércoles, 23 de abril de 2014

Querido Gabo

Por Ángeles Álvarez Moralejo

Querido Gabo:

Hoy que se celebra el día del Libro, todos estamos un poco tristes porque nos sentimos huérfanos con tu marcha. Nos has dejado en la más completa soledad que durará más, mucho más de 100 años. Ya no tendremos a nadie que nos escriba con esas palabras que solo tú sabías manejar de manera tan sutil. Todos los que te admiramos pasaremos a ser reconocidos con el apodo de “Coronel”.

Has tenido una larga vida, vida repleta, imagino, con tu familia, tu tierra, tus amigos, tus inquietudes, tus fiestas, tus lecturas, tus escritos que tanto nos han acompañado y enseñado.

Fuiste rebelde porque fuiste real, pero tuviste la inteligencia de poder llevar tu vida encauzada a través de ese realismo mágico que reflejas en toda tu obra.

En tu marcha no has permitido que tu cuerpo se llene de mariposas amarillas, sino que has decidido montar sobre el ala de las mismas y que sean ellas, protagonistas de tu vida, las que esparzan tus restos por la tierra que tanto amaste. Colombia y México, cuna y sepultura de un genio, serán sembrados con tu energía, tu genialidad y tu espíritu para siempre.

Si en algún momento te sentiste atrapado por todo aquello que detestabas como la violencia o la injusticia, ahora ya eres libre y seguro que estarás disfrutando de esa libertad anhelada por ti y se la estarás contagiando a todo ser que comparta la existencia contigo.

Gracias, Gabo por la herencia que nos dejas. Siempre serás inmortal pues no en vano nos has regalado tanta belleza literaria, eso nunca morirá.


Tal vez desaparezcan los libros en esta época en la que la tendencia es la digitalización, pero jamás faltará ninguno de los tuyos en ningún rincón del mundo, por alejado que esté. El papel sobre el que aparece la maestría de tu literatura no puede privarnos de ser acariciado por las manos que deseen soñar con tus escritos.